El túnel: la confesión de un hombre que lo razona todo
Reseña de El túnel, la novela breve de Ernesto Sabato en la que un pintor confiesa un crimen y arrastra al lector al interior de su obsesión.
Hay novelas que empiezan con un crimen y dedican el resto de sus páginas a buscar al culpable. El túnel empieza con el culpable dándose a conocer. En la primera línea, el pintor Juan Pablo Castel se presenta como el hombre que mató a María Iribarne, y a partir de ahí no hay misterio que resolver. Solo queda escucharle, y ese es precisamente el problema.
Todo arranca en una exposición en Buenos Aires. Entre el público, una mujer se detiene ante un detalle mínimo de uno de sus cuadros: una ventanita en un rincón del lienzo, con una figura solitaria que mira el mar. Nadie más se había fijado en ella. Castel se convence de que esa desconocida es la única persona capaz de entenderle, y lo que empieza como una esperanza se convierte muy pronto en una obsesión.
La gran virtud de la novela es que todo se cuenta desde dentro de esa cabeza. Castel no es un loco que desvaría, sino alguien que razona sin descanso. Analiza cada frase de María, cada silencio y cada retraso, y construye sobre ellos hipótesis cada vez más elaboradas y más absurdas. La lógica es impecable; las premisas, delirantes. El efecto resulta inquietante, porque durante muchas páginas cuesta encontrar el punto exacto en el que el razonamiento se tuerce.
Publicada en 1948, la novela respira el clima del existencialismo, la corriente filosófica que situaba en el centro la soledad del individuo y el absurdo de la existencia. El parentesco más evidente es El extranjero, de Albert Camus, otra novela breve narrada por un asesino que habla de su crimen con una frialdad desconcertante. No es casualidad que el propio Camus la admirara y apoyara su publicación en Francia. Pero donde el protagonista de Camus es indiferente a todo, Castel es exactamente lo contrario: le importa demasiado.
Leída hoy, la novela tiene una vigencia incómoda. Los celos de Castel, su necesidad de saber dónde está María a cada momento y su convicción de que ella le pertenece encajan con lo que hoy se reconoce sin dificultad como control y violencia en la pareja. La serie You, en la que un acosador narra con calma y buenos modales cómo se obsesiona con una mujer, utiliza el mismo mecanismo: dar la voz al verdugo y dejar que se retrate solo. Sabato lo hizo setenta años antes y sin coartada romántica.
No todo funciona igual de bien. Hacia la mitad, los razonamientos de Castel empiezan a repetirse, y la tensión se estanca en un bucle de sospechas y reproches. También cabe preguntarse por María, que nunca llega a existir más allá de la mirada de quien la acosa. Es una decisión coherente con la forma de la novela, pero deja un vacío que se nota: el lector sabe todo sobre el obsesionado y casi nada sobre la mujer que le obsesiona.
Aun así, pocas novelas tan breves dejan una sensación tan persistente. Se lee en una tarde, casi de un tirón, y su título acaba cobrando todo su sentido: el túnel es el lugar desde el que Castel mira el mundo, oscuro, estrecho y sin más salida que la que él mismo se inventa.
Sobre el autor
Ernesto Sabato (Rojas, Argentina, 1911 – Santos Lugares, 2011) se doctoró en Física y llegó a trabajar en el Laboratorio Curie de París antes de abandonar la ciencia por la literatura. Escribió solo tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador. En 1984 recibió el Premio Cervantes. Ese mismo año, la comisión que presidió entregó el informe Nunca más, que documentó las desapariciones durante la dictadura argentina. El túnel ha llegado al cine en varias ocasiones.
Para seguir con la serie: Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez, otra novela que revela el crimen desde el principio y concentra el interés en el cómo, y La metamorfosis, de Franz Kafka, con otro protagonista encerrado en una soledad sin salida.